Filosofía

¡Auténtica, acogedora y … encantadora! La ciudad medieval de Gruyères se merece ampliamente su triple A. Los coches no atraviesan sus muros, el aire es puro y las montañas circundantes componen un hermoso cuadro, tal y como lo anhelaría un escenógrafo. Seguramente los visitantes llegados de todo el mundo se sentirán de vuelta al pasado, en los tiempos en que los condes de Gruyère velaban por el verde valle.

El arte de hospedar pasa también por el de deleitar el paladar. Y por ello, la excelente cocina gruyeriana contribuye muchísimo al renombre de nuestros establecimientos.  No sólo podemos degustar la famosa fondue moitié-moitié [mitad-mitad], la cual ha dado a la región su reputación, si no también de la caza en otoño o de la excelente gastronomía regional.

 

La ciudad medieval de Gruyere

Una joya de piedra milenaria en el corazón de la verde Gruyère, la ciudad medieval de Gruyères (con una “s” final, contrariamente a la región y al queso del mismo nombre) ampara el segundo castillo, el más visitado de Suiza después del Château de Chillon. Es una atracción turística renombrada desde hace mucho tiempo, Gruyères  figura desde 1961 en el listado de los lugares protegidos : «Existe en el cantón de Friburgo una región tan bella y apacible, que nos preguntamos por qué milagro tal joya ha logrado mantenerse tan idéntica» comenta un reciente reportaje del periódico Le Monde.

Situada a 33 km de Friburgo y a 5 km de Bulle, la ciudad de Gruyères (1800 habitantes) ha dado su nombre al célebre queso alpino. Elevada a 830 m de altitud, goza de un panorama excepcional al pie del Moléson (2002 m). Los coches y autocares no pueden acceder y han de quedarse estacionados en el parking.

En otros tiempos, ocupada por los romanos, y después por los Merovingios en la Alta Edad Media, la Gruyère fue durante dos siglos y medio un condado dependiente del Reino de Borgoña. Su anexión al cantón de Friburgo data del 1554 como consecuencia la ruina del último conde de Gruyères, ahogado por las deudas con Friburgo y Berna. Desterrado de su hogar, vio pasar su condado bajo la férula de los Friburgueses.  Es debajo del castillo de los condes de Gruyère, sobre la cima de una colina controlando el valle superior de la Sarine, que la ciudad medieval se va ha desarrollar. Ciudad de mercado y de festejos (hasta seis al año), los campesinos de la región vendían queso, grano, ganado grande y pequeño.  Su prosperidad se explica por el hecho que, hasta 1667, la carretera de la Haute-Gruyère pasaba por la colina. El declive de los mercados de las ferias comenzó tras la apertura de la carretera en llano que pasaba por Epagny y la que sería su futura carretera cantonal.  Gruyères ha contado con varios molinos y serrerías, así como de un polvorín.  Ésta se componía del castillo y de sus dependencias, y del pueblo edificado a lo largo de una calle central protegido por una muralla en la que subsisten numerosos vestigios (escudos, puertas, torres). Las partes más antiguas remontan a los principios del sigo XIII; otras se construyeron después del incendio de 1943.

Los oficiales descendientes de las familias del patricio de Friburgo suceden entonces a los condes y señores del  Château de Gruyères. Sus Excelencias de Friburgo desafían el espíritu descontento de los Gruyerianos que no olvidan los dulces tiempos de su independencia. En 1781 estalla la insurrección de Pierre-Nicolas Chenaux. Descendiente de una familia rural acomodada, es un revolucionario cuyas críticas le asegurarón el apoyo de la población gruyeriana enfrentada al gobierno oligárquico de Friburgo. Les reprochaba tener fiestas religiosas y proyectar nuevos impuestos. La rebelión fracasa en las puertas de la ciudad de Friburgo. Replegado en el bosque, Chenaux es interpelado por uno de los suyos, seducido por una gran recompensa. Un duelo sin salida comienza, en el que Chenaux pierda la vida. Su cuerpo se lleva a Friburgo, será decapitado y desmembrado en la plaza pública. El conflicto no se acaba hasta 1783 por el exilio forzado de sus representantes. Habrá que esperar hasta 1848 para que el régimen rehabilite Chenaux, el «defensor de las libertades del pueblo».

En 1849, el castillo es vendido por el Estado de Friburgo a la familia Bovy de Ginebra. Conocida por la acuñación de monedas y la producción de medallas. Apasionados por la cultura ¡compran el monumento por la suma de 7.000 francos! Su restauración se confía al hijo menor, Daniel Bovy. Tras haber estudiado pintura en París en el taller de Ingres, éste cayó enfermo atravesando el Simplon y tuvo que renunciar a una brillante carrera. Para el joven pintor melancólico, la restauración y la decoración del castillo se convierten en un proyecto de vida, nos dice un estudio histórico de Anita Petrovski y Raoul Blanchard: «Residiendo en Gruyères durante la bella estación, Daniel Bovy está regularmente rodeado de miembros de su familia como de artistas de renombre». Bajo su propia petición, el pintor Jean-Baptiste, llamado Camille Corot, realiza cuatro paisajes en el salón que ahora lleva su nombre. En la sala de caballeros, Daniel Bovy hace revivir el esplendor pasado de los condes. En 1861 la acumulación de deudas financieras fuerza a los Bovy a confiar el castillo a la familia emparentada de los Balland, industriales de relojería. Estos últimos continúan con la restauración del lugar. A ellos se les debe el acondicionamiento de los exteriores del castillo y el espléndido jardín a la francesa.

En 1938 el Estado de Friburgo vuelve a comprar el castillo por Frs 155.000.- y funda el actual museo. La Fondation Gottfried Keller se hace adquirente de algunas obras de arte de las colecciones de Bovy y de Balland, las cuales forman la base de la exposición permanente. Desde 1993 una Fundación asegura, en nombre del Estado de Friburgo, la conservación, la restauración, el acondicionamiento y la revalorización de la colección.

Desde 1998 el Musée HR Giger está instalado en el castillo. Conocido como el “padre” de Alien, que le ha dado un “Oscar” en Hollwood, el artista grisón y su museo invitan a los visitantes a entrar en su universo mágico, onírico y erótico.

 

El emblema de la grull

Desde el año 1080 hasta 1554, no menos de veinte condes de 17 generaciones han ido sucediéndose. Históricamente, los condes aparecen por primera vez a finales del siglo XI. Su árbol genealógico, realizado por el instituto friburgués de la heráldica y de genealogía, está expuesto en la primera planta del castillo. A lo largo de los siglos, la familia condal de Gruyère se fue aliando con ilustres familias de las regiones vecinas: de Grandson, de Blonay, de Aubonne, de Billens, de Oron…  Fueron muchos los casamientos que permitieron las futuras extensiones territoriales. La boda de Pierre III, conde de Gruyère desde 1307 al 1342, con Cathering de Weissenbourg ha permitido una expansión territorial hacia el Haut-Simmental. Hacia el 1500, el condado de Gruyère  vivió su época dorada, tal y como testifican los numerosos casamientos con las familias de nobles extranjeros, ya sea de Savoie como de Bugey (entre Lyon y Ginebra), del valle de Aoste, del Piémont, de Franche-Comté, de Borgoña o de Valentinois (Drôme).

A partir del siglo XIII los escudos hacen su aparición en la nobleza. La familia condal de Gruyère se apropia de la grulla, símbolo de longevidad y de fidelidad. El cuadro genealógico del castillo recuerda que los hermanos menores de los condes han sido enviados al convento o a las órdenes religiosas: a los canónigos de Lausana, al abad de Hauterive, a los prioratos de Bellevaux, de Rougemont o de Broc.

El último siglo del reino de los condes rimó con éxito y armonía. El pueblo amaba a «sus» condes que se mezclaban con él, tanto en la alegría como en la tristeza, y de ahí el apodo de «reyes-pastores» que les fue puesto. Visitaban a los maestros queseros de la montaña durante el verano, llevándoles las noticias de la planicie. Y una vez de vuelta en su castillo, el conde se mezclaba con su pueblo, se reía y se divertía con ellos. Según una anécdota,  Rodolphe hasta se unió a una «coraule» (corro, baile) ¡saliendo del pueblo vecino de Enney un domingo para llegar el martes al Château-d’Oex con un séquito de 700 personas!

El primer Consejo comunal de Gruyères tuvo lugar bajo el reino de François I, un conde muy apreciado gracias a la libertad que acordó a sus vasallos. Tras él, Louis toma el poder y se alía a los Suizos para luchar contra Charles el Temerario, duque de Borgoña. Será uno de los jefes de fila en la batalla de Morat en 1476, lo que le permitió traerse valiosos objetos, como las capas bordadas de las armas de Borgoña requisadas al Duque. También restauró la capilla de Saint-Jean, y es precisamente bajo su reino en el que una excepcional indulgencia fue acordada con el Papa para aquellos que la iban a visitar en ciertas ocasiones festivas.

Michel es el último conde de Gruyère, del 1539 al 1554. Habiendo heredado importantes problemas financieros se ve obligado a anunciar la bancarrota y  abandonar el castillo de sus ancestros. Sus principales acreedores  se reparten las tierras. Berna toma el Pays d’Enhaut y el Gessenay. Y en cuanto a Friburgo, éste se apropia del territorio, avanzando desde el desfiladero de la Tine hasta La Tour-de-Trême.