Nuestros Restaurantes

Próximos unos a otros, nuestros establecimientos son complementarios. Ofrecen una amplia gama de platos típicos de la Gruyère a elegir, ya sean franceses o italianos, para todos los gustos.


El Chalet de Gruyère

Es un emblemático establecimiento de Gruyères situado en el corazón mismo de la ciudad medieval, el Chalet tiene una auténtica decoración de montaña con sus boiseries, sus campanas y toupins (campana en chapa de acero para las vacas), sus bottes-culs (taburete de un único pie utilizado por los vaqueros a la hora de ordeñar) suspendidos en el techo, el cual está recubierto de tavillons (tablillas de madera). Una auténtica atmósfera de la esta verde Gruyère, donde los maestros queseros llevan a sus reses a los altos pastos.

El alma del Gruyère, es todavía hoy, el conocido gruyer alpino. Fabricado con amor, de mayo a septiembre, con la leche de una sola vacada este queso excepcional tiene su origen en una civilización pastoral que sigue muy viva.

En el siglo XVI el comercio del gruyer es tan próspero que los condes de Gruyères  emprenden la tarea de roturar la montaña con la finalidad de crear nuevos  campos de pastoreo: los alpages [los pastos alpinos o de alta montaña]. Entre  800 m y el 1800 m de altitud, los pastizales de la Gruyère poseen una diversidad floral excepcional. Dándole a la leche alpina su carácter único: alquimila, plantaina de los Alpes, albaida, grama de olor, diente de león, trébol, etc. componen el menú del ganado. No está permitido el uso de ningún tipo de aditivos en la elaboración y afinado del gruyer alpino.

Las tradiciones permanecen tal y como lo testimonian las poyas, esos frescos pintados en madera colocados en las entradas de las granjas, en los que figura la montée [subida] de las vacadas a la montaña en primavera. Pero la edad de oro del gruyer no hubiera tenido lugar sin Francia. En 1674, el rey Louis XIV firma un acuerdo con la ciudad de Friburgo: a cambio de soldados suizos, el Reino de Francia aprovisionará a las montañas friburguesas toda la sal que necesiten y autorizará el libre comercio del gruyer en su territorio. De ahí viene lo que será la ruta del gruyer. Bajados en mulas hasta Montreux, los quesos son transportados en barco a través del lago Léman hasta Ginebra y, finalmente, a lo largo del Rhône hasta llegar a Lyon, la piedra angular de la economía friburguesa. En el siglo XVIII, el mejor cliente de los queseros gruyerianos será la armada francesa, especialmente la marina, golosos de un producto nutritivo capaz de esquivar el terrible escorbuto, ya que el gruyer puede conservarse más de dos años en el fondo de la bodega… La edad de oro ya pasó,  y sólo contamos con una treintena de chalets alpinos en los que el gruyer continua fabricándose tal y como se hacía en otros tiempos.

Otro tipo de inversores también se enamora de este país de bicoca. En 2010, la empresa francesa Ladurée vino para montar una fábrica de mostachones en el pueblo de al lado, Enney. Utilizando las materias primas de la región (leche, crema, mantequilla, huevos), una cincuentena de empleados fabrican, día sí y día también, 20 millones de mostachones al año, los cuales serán exportados en el mundo entero.


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La carta del Chalet de Gryuère LLos huéspedes pueden elegir entre una amplísima gama de productos regionales elaborados según las recetas tradicionales de la Gruyère.

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